Cuando los empresarios asturianos alzan tímidamente su voz, para pedir un “frente común” en la región, con Severino García Vigón al frente, para defender la financiación de la comunidad autónoma, alegando que es pronto para empezar a debatir este asunto, intentan obviar que este debate se abre a intancias del presidente catalán José Montilla -que lanzó un ultimátum en el diario El País, en respuesta a un artículo del ex presidente Felipe González, unánimemente respaldado por la opinión de todos los partidos y “agentes sociales” catalanes, que cuentan a su favor con que lo que piden -negociar de tú a tú con Madrid, una reducción de sus aportaciones a las arcas del Estado, en función de lo que Cataluña paga y recibe, las llamadas “balanzas fiscales”- está recogido como un derecho en el nuevo Estatuto de Autonomía catalán aprobado en el Congreso de los Diputados, e impulsado personalmente por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Esta petición ha sido aplastantemente respaldada por la sociedad catalana.
Conviene tener en cuenta, que como dice Vigón, éste es un mal momento por el escenario de crisis, lo que no sólo significa que la prioridad para el debate debiera ser diferente, sino que además hay otra cuestión si cabe más importante para el asunto que nos ocupa, como es la reducción de ingresos de las comunidades autónomas y ayuntamientos, a causa del parón económico, que genera una menor recaudación fiscal por los conceptos de los que se nutren las arcas de Asturias y de los ayuntamientos asturianos, como los de toda España, que se añade a la menor recaudación del propio Estado.
La dura realidad es que España no fabrica dinero, que era la solución -precaria- para estos casos en el pasado. Los fondos del Estado ni paren ni preñan. Se nutren de los impuestos que pagan los ciudadanos de toda España. Si Cataluña avanza hacia el sistema vasco de cupo, lo que supone en la práctica una aportación cero -porque ni siquiera transfieren lo que deben como denuncia Mikel Buesa, asunto del que los políticos eluden hablar-, el Estado tiene menos ingresos, y esa minoración va a gravitar inevitablemente sobre las comunidades autónomas restantes, que tienen una mayor dependencia presupuestaria de Madrid.
Así pues, llega la hora de la verdad y el final de las majaderías, porque el efecto combinado de la crisis con la reducción inevitable de los ingresos procedentes de la recaudación global que ejecuta todavía Madrid, para proceder a su reasignación, se va a unir a la sensible disminución de la recaudación delegada en Asturias por el sistema autonómico, lo que debería obligar a cambiar el discurso de todos, empresarios incluidos, que forman parte del coro de instituciones dedicadas a generar gasto suntuario en la comunidad, como es el caso de los grandes despilfarros en formación que se pactan en acuerdos como el ACEBA, que si siempre fueron intolerables como mecanismos de financiación de instituciones superfluas, ahora lo van a ser mucho más, pues el Principado se tiene que enfrentar a partir de estos momentos a la realidad de su propia situación económica y los compromisos de gasto inútil, alimentados por políticos, empresarios y sindicalistas, del tipo del nuevo hospital que nos empantana, el HUCA, la televisión pública, la formación no reglada, la publicidad institucional, así como el resto de mecanismos de despilfarro e ineficiencia institucional que nos lanzan precipicio abajo.
¿Qué eficacia puede tener en Madrid, en una situación así, un “frente asturiano”? Ninguna. Entretenernos a los asturianos si acaso. Ninguna otra. Y lo que salta a la vista es que los asturianos debemos hacer algo para impedir que nuestros intereses, materializados en la situación financiera de nuestros servicios públicos, se sigan despeñando por el precipicio, aen camino hacia una situación cierta de crisis, cuyas causas ya intentan ocultarnos entre todos a la desesperada.
Los políticos van a decir, están diciendo ya, que la culpa de lo que sucede estriba en las altas retribuciones de la sanidad. Y lo hacen, al debatir sobre la situación que se está creando sobre el más importante servicio público de Asturias. De eso Vigón no habla, porque en breve, aprovechando la situación, empezará a hablarse de privatizaciones.

le colocó como presidente del Gobierno de España en el 2004, se impuso a José Bono, gracias al apoyo del Partido Socialista de Cataluña -apoyo que Pasqual Maragall pagó con su carrera-, cosa que conviene recordar una y otra vez, porque el papel que Zapatero juega en el PSOE español, es el de un equilibrista que por algo se comprometió con el partido de los socialistas catalanistas -algo que también hay que recordar cuantas veces sea necesario- a impulsar la reforma del Estatuto de Autonomía catalán, incluyendo en el mismo su definición como nación y el perverso concepto de biletaralidad, que es el que hace imprescindible la publicación de las llamadas balanzas fiscales que traen a todo el mundo de cabeza, pues no es posible que España y Cataluña, dos naciones ya -reconocida una por la historia y la Constitución, y por el Estatuto aprobado por el Congreso de los Diputados en el 2006 la otra-, negocien nada, si no tienen sobre qué hacerlo.



venta al detalle, y no sobre el último “depositario fiscal”, con lo cual también tiene un efecto perverso añadido, al mezclarse y enredarse con otros impuestos.
a estrellar contra un Partido Popular que después del “Petromocho” parecía imbatible.
un partido nacionalista, el partido nacionalista catalán por definición, con mucha más propiedad que Convergencia y Unión; por tradición, por génesis y por práctica cotidiana, pues de hecho, los líderes del PSC tienen un origen nacionalista urbano, por contraposición al toque rural de los convergentes. Hablando en plata, el PSC es el nacionalismo de las clases urbanas catalanas, y eso, ahora, empieza a ser demasiado incómodo.
hay ninguna organización política, sindical ni patronal -ni un sólo medio de comunicación- que no aplauda esa loca política. Si ese plan se desmorona es a partir de una mera reacción espontánea de la gente, de los ciudadanos, que se han ido agrupando malamente, en núcleos locales de protesta, desde los que se han movilizado los recursos, o que han impulsado a algún ayuntamiento a recurrir la desastrosa gestión administrativa y legal de Red Eléctrica Española. Sólo un grupo de entidades cívicas, la Agrupación de Colectivos Asturianos, aún débil, ha intentado ejercer esa difícil coordinación desde la precariedad organizativa.


como cuenta César Alberto Rosón, por entonces secretario general de la CNT en Asturias, “el salario mínimo del peón pasó de 400 a 732 pesetas, no hubo despidos y se cobraron las pagas extraordinarias íntegras, sin descontar los días de huelga. La resolución de Trabajo se produjo un día antes de la fecha señalada para que 22.000 familias emprendiesen una marcha a pie hasta Madrid“. En octubre de aquel año
convenio surgía su gran invento -o mejor dicho al revés; de su invento salía el convenio-,
y Adolfo Suárez, en plena crisis de UCD, que acabaría con la victoria de Felipe González en las elecciones del 28 de octubre. En aquellos momentos, Abilio -que aún no tiene una biografía en condiciones-, que ejercía como secretario general de la UCD de Asturias, era el pilar regional de los “suaristas”, que clamaban contra la “derechización” del partido.

motivos no son los menores, las declaraciones de los políticos y de la empresa, que están ahí en las hemerotecas, con toda su crudeza, ahora que resulta que 




