
El “Patito” no logró la cacareada expectativa de los 250 km/h entre Valladolid y Madrid, para quedarse en 200, que es la velocidad convencional a la que circulan los trenes en Europa desde hace ya más años de los que podemos recordar los ciudadanos entrados en años.
Lo cuenta La Nueva España en crónica de Javier Morán, el único periodista asturiano que entiende un poco de ferrocarriles y que, me consta, le hubiera gustado ser un poco más explícito en esta historia, en la
que al final la verdad resplandecerá con toda su crudeza. Añade este escritor de periódicos, que se espera que en breve se puedan normalizar las cosas y que se alcancen esos 250 km/h en el trazado de alta velocidad del Guadarrama, que los AVE de las líneas troncales, los de la primera división ferroviaria, recorrerán a 300 km/h.
Javier Morán se tomó la molestia de viajar en los nuevos Talgo Bombardier de la serie 130, dotados con la capacidad de variar el ancho, según las necesidades que marcan nuestras infraestructuras ferroviarias, y lo cuenta en un artículo titulado “Asturias-Madrid, un tren de dos velocidades”, en un viaje en el que este contumaz cronista de la actualidad, fue a comprobar que el viaje de Madrid a Asturias no va a bajar de momento de las cinco horas y media, lo que según sus cálculos, y con las cosas tal y como están previstas, de acuerdo con lo que intenta explicar en otro artículo de opinión titulado “Novedades ferroviarias”, hace imposible que los asturianos podamos tardar menos de tres horas en hacer este viaje, antes del año 2013, suponiendo que las cosas vayan como tienen que ir.
Esas son las previsiones que hace Javier Morán -las que se pueden hacer-, con los pocos documentos y datos que hay en la mano. Pero es que aquí hay mucha tela que cortar, y nosotros intentamos cortarla sin ayuda de nadie, pues nunca hubo tanto misterio en asunto tan esencial para el futuro de una comunidad, y que tan poco parece importar, como es el futuro de las comunicaciones ferroviarias de pasajeros y mercancías, para un territorio apartado, cuya ciudadanía tiene, en principio, buenos motivos para interesarse por estas cuestiones.
Quienes toman las decisiones, han establecido que nos quedamos en la segunda velocidad ferroviaria, con un ferrocarril de altas prestaciones, que tiene como misión adaptar su sistema de rodadura al avance de las obras, a lo largo de los años, para poder ir asimilando de una manera práctica los nuevos tramos de ancho internacional que vayan entrando en servicio, entre Valladolid y Gijón, a medida que se vayan concluyendo las obras previstas y según éstas se vayan ejecutando. Esto es lo único que parece estar decidido.
Pero, ¿cuáles son esos tramos? ¿A qué se debe la tremenda opacidad con la que se administra la información sobre estos proyectos, así como la falta de debate y la inexistencia de cuestiones planteadas por la oposición?
El tiempo me ha descubierto la razón, que no es otra que la pura improvisación de las decisiones y las soluciones, entregadas en manos de los técnicos del Adif que van saliendo como pueden, puesto que es evidente que ningún político dirige este proceso con el futuro de Asturias en la cabeza, desde que el nuevo PEIT puesto en marcha en el año 2004, que establecía este modelo de trazados mixtos para pasajeros y mercancías –porque ésa es la clave, la compatibilidad de mercancías y pasajeros-, dejó claro que entre Asturias y Valladolid no podría haber un trazado de ancho europeo, por mucho que aquí se diga lo contrario, mientras en España, las compañías de transporte ferroviario de mercancías, ya crecientemente en manos privadas, no dispongan de vehículos apropiados para ese ancho.
Salvo que después de haberse impuesto
esta solución, para compatibilizar mercancías y pasajeros, se renuncie al tráfico de mercancías, cosa que no sólo no es razonable, sino inimaginable.
Se supone que las obras de los túneles de Pajares, así como su salida hasta La Robla, están previstos para el ancho internacional, aunque ya desde Lena hasta Gijón, no está nada claro si se avanza hacia un nuevo trazado o no. Y se insiste en La Robla, porque la mayoría de los trenes de mercancías que hoy circulan, llevan carbón desde El Musel hasta la térmica de Fenosa. ¿Concluyen ahí los proyectos ferroviarios de transporte de mercancías desde el puerto de Gijón? ¿Va a disponer El Musel, o no, de los imprescindibles servicios de transporte de mercancías hacia la Meseta? la incertidumbre es grande, puesto que la desgraciada vocación granelera de nuestro gran puerto, ha mantenido siempre el tráfico de mercancías generales, y especialmente el de contenederes -esencial para el desarrollo del hinterland portuario- en la marginalidad.
Lo único que a mí se me alcanza en esto -y me gustaría ver artículos escritos por expertos en transporte ferroviario que por lo que sea no hablan ni escriben, ni se les ve por parte alguna- es que si se ha tomado la decisión de compatibilizar ambos tipos de transporte, y de hecho así tiene que ser, tal y como están las cosas –porque de lo contrario tendríamos que renunciar definitivamente a trasladar mercancías por ferrocarril a la Meseta; cosa impensable-, el trazado se va a quedar como está, con ligeras reformas, porque lo que nos faltaba ahora es que desaparezca definitivamente la posibilidad del transporte de contenedores desde El Musel hasta el conjunto de la red ferroviaria española, una vez que se produjo, a principios de este año, la eliminación del servicio diario de transporte de este tipo de mercancías desde el puerto, quedando en estos momentos tan sólo los servicios diarios que se realizan desde la terminal que tiene Renfe en Viella, para atender las necesidades de CLAS, la única empresa asturiana que mueve mercancías de esta manera.
Temo que en realidad, si como sugiero, nuestros dirigentes no piensan realmente en el transporte de mercancías por ferrocaril ni en el desarrollo del tráfico de contenedores en el ámbito de influencia de El Musel -gran desgracia para nuestra vida económica-, es porque en realidad están pensando sólo en el pelotazo del Plan del Gas, y todo lo demás, los contenedores, los anchos de las vías y los pasajeros, les trae absolutamente al fresco, y dejan a los políticos de Madrid que vayan tomando esas decisiones, según los técnicos van realizando las propuestas. Por eso nadie habla de este problema que desgraciadamente, como tantas otras cosas que no interesan, es crucial para nuestro futuro.












Un Comentario
Como ferroviario sigo los artículos de Javier Morán y, efectivmente, es el mejor. Es un periodista de un rigor que no se ve, un periodista que no se fía, más bien, desconfía de las notas de prensa, que investiga y que es riguroso en cuantos temas toca, no solo el ferrocarril, también los asuntos eclesiásticos.
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[...] Eso es sabido, y es además la causa principal de los problemas de diseño del llamado AVE, que no puede ser un AVE, porque por donde circulan grandes convoys de mercancías, no hay AVE que valga, salgo el que vuela y se va a la [...]
[...] La realidad es que no tienen realmente una decisión tomada, que la entrada en servicio de los grandes convoys de servicios privatizados de mercancías han situado la planifiación ferroviaria y las inversiones necesarias en un punto que hace muy difícil encontrar una solución para los problemas que se han creado, pues si todo el recorrido fuese de ancho internacional, las opciones actuales no tendrían sentido, y lo lógico sería volver al planteamiento del ministerio de Francisco Álvarez-Cascos, dejarse de intercambiadores y trenes Alvia -Talgo Bombardier- y poner en servicio verdaderos AVE que hagan el recorrido a más de 300 km. hora. Pero claro, ¿están pensando realmente en duplicar las vías? ¿Están pensando algo? ¿Piensan? ¿Les da igual todo? [...]
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