Interesante crónica de Nicolas Bourcier para Le Monde desde la capital del Estado de Iowa, cuyo clima califica como de auténtica locura. Se trata de un pequeño estado con menos de tres millones de habitantes, situado en el Medio Oeste más profundo de los Estados Unidos, en el que los agricultores y los jubilados aplastan, mientras que los negros están infrarrepresentados, y sin embargo, Iowa marca el arranque de la campaña para las elecciones presidenciales, con su peculiar manera de seleccionar, a base del complicado sistema de los caucus, en el que se han concentrado tres mil periodistas que en estos momentos están totalmente pendientes de los últimos acontecimientos.
Desde el año 1972, año desde el que Iowa disfruta de este estatus como primer estado de la Unión en designar sus candidatos para ocupar el primer lugar en la carrera presidencial, no se habían
visto unas primarias tan reñidas, ni se visualizó una importancia del voto ciudadano como la que en estos momentos llena de pasión la campaña y los medios de los EEUU y de todo el mundo.
La importancia del proceso desatado en este pequeño estado, da nombre al caucus, que es la complicado sistema mediante el que se produce la desginación de los candidatos de Iowa, y es una palabra que según parece procede del algonquino, tribu de ese territorio, lo que se explicaría por la tendencia de los demócratas a adoptar nombres para sus procesos que proceden de palabras utilizadas por las tribus indias. Los republicanos han seguido la tendencia implantada por los demócratas a conferir a este estado el papel estelar que ocupa en el proceso.
Algunos candidatos han dado una durísima batalla, como es el caso del demócrata John Edwards, que ha tomado parte en más de doscientas reuniones públicas en este proceso, Realmente Iowa está dividida en 99 condados, desde los que parte el proceso.
El republicano Mitt Romney pagó la difusión de más de 8 000 espots televisados en las cadenas locales, y el demócrata Chris Dodd fue allí a instalarse con su mujer y sus hijos, en Des Moines, la capital del Estado, donde ha aparecido ya al menos 43 veces en los mítines, con un esfuerzo que está llamando la atención, a pesar de su distancia de los candidatos destacados.
Cuando termine esta fase preliminar de Iowa, los candidatos se habrán gastado 40 millones de dólares en publicidad –tres veces más que en el año 2004-, para conseguir arrancar el voto de los cerca de 57 delegados demócratas (sobre un total nacional de 4.315) y 40 republicanos (sobre 2.509).
La palma se la lleva el senador demócrata Barack Obama, con 8,3 millones de dólares, y su rival Hillary Clinton, le sigue de cerca con un gasto de 6,5 millones. Una inversión muy arriesgada por parte de todos, pues incluso los especialistas no se atreven a pronosticar en estos momentos, qué es lo que finalmente se votará por parte de los delegados, en este frío periodo vacacional. Este pequeño estado va a revalidar una vez más su reputación como el “gran asesino” de aspirantes, un liquidador de personalidades de primera fila.












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