La mala educación del diputado Fernando Lastra, mucho más que un problema de formas


Hacía mucho que no salía a dar una vuelta, por la mañana, por el centro de Oviedo, a estirar las piernas, y especialmente la izquierda, que tengo que darle caña suave de mantenimiento, para prepararme ante la inminencia, supongo, de la operación del ligamento cruzado interno -una vez soldado el tobillo fracturado-, desarraigado por la agresión fascista de un grupo de sicarios de Izquierda Unida, en aquel infausto asalto a la sede del Partido Comunista de Asturias en la Plaza de América. Digo ante la inminencia de la operación, porque supongo que la sanidad pública asturiana no estará haciendo una excepción conmigo, para demostrarme que la reducción de las listas de espera de las que habla el consejero, es algo más que pura propaganda, dado que ya va un montón de meses para una operación de las clasificadas como sencillas.

Delante de la Junta General del Principado me encontré, juntos y revueltos, a varios diputados del Partido Popular, que aparte de interesarse por mi salud, me comentaron con especial calor, algunos de los pormenores de su bronca interna, cuando amablemente se me ofrecieron para contrastar las cifras que hemos publicado, y sobre las que estoy trabajando, para preparar un artículo de reflexión sobre un asunto que me interesa especialmente, como es la catarata de inversiones en la Universidad Laboral, y la nula relación que éstas guardan, con el proyecto redactado por el ex alcalde de Santiago de Compostela, Xerardo Estévez, con el nombre de Plan Director.

Cuando subía las escaleras del edificio en su compañía, apareció el diputado Fernando Lastra, “el Moro”, o “el Moreno”, un valioso profesional de la política procedente de Cangas del Narcea, que en otros tiempos, y especialmente cuando el PP gobernaba en Madrid, era muy cariñoso conmigo, supongo que por mi independencia como periodista ciudadano, una independencia con la que entonces criticaba las actuaciones del gobierno de José María Aznar, como ahora critico las de José Luis Rodríguez Zapatero, dado que mi formación y mi ética personales, me impiden –siempre fue así- estabularme en las cuadras de ningún gobierno, como bien saben los personajes de la gerontocracia política asturiana, pues todos nos hemos hecho viejos haciendo lo mismo, y todos lo sabemos todo, sobre cada uno de los que aquí nos hemos empeñado en seguir viviendo.

Tengo que decir que Fernando Lastra fue especialmente grosero conmigo en la mañana de este miércoles, en las escaleras de la Junta, y no sólo por rechazar mi mano, haciendo especialmente ostensible así la diferencia de trato que me dispensaba a mí, y a los diputados populares -me imagino que detrás de esas diferencias latirá algún complejillo clasista- con los que compadreaba, sino porque además adoptó, en su actitud, y según se fue calentando, un tono insultante y vejatorio, que tendrá que ver con uno de esos profundos traumas de inferioridad, que suelen caracterizar a la gente que es capaz de ser maleducada cuando lo intenta. Los del PP se reían, porque el espectáculo no pudo ser más deleznable, y tengo que confesar que me siento especialmente orgulloso por haberle echado unas margaritas a los cerdos, haciendo bueno el principio de responder al mal con bien, y haber mantenido en todo momento, la educada corrección que se exige a cualquier ciudadano particular, por el mero hecho de serlo, cuando pisa el suelo de una institución representativa de la soberanía popular.

Y de la corrección que se debe exigir al personaje público ¿qué? ¿No está obligado Fernando Lastra a ser educado con los administrados? ¿Por qué es grosero conmigo, hasta este punto, después de haber sido tan amable en otras épocas, cuando le convenía contar con mi complicidad para intercambiar información sobre las actuaciones de ministros o consejeros del PP, y él era un diputado de la oposición?

Pensé en qué es lo que podía ocurrirle para estar tan descentrado –tan extremista, tan lejos del centro-, y sólo se me ocurrió pensar en los cientos de mensajes que se recibieron en ElComentarioTV, en los que se aludía a la situación de su esposa en la nómina del Principado de Asturias, concretamente en el delicadísimo entramado de Formación, mensajes que borramos en gran medida, porque queremos evitar que esta página sea un lavadero. No puedo confirmar que sea eso lo que le irrita conmigo, o simplemente que le ponga nervioso que ECTV sea un éxito, con más de 3.000 visitantes individuales diarios, y un creciente número de colaboradores, sin que aquí él tenga pito alguno que tocar, pero desde luego sí se me alcanza suponer, que es lo único que realmente puede ponerle nervioso, hasta el punto de llegar a la incorrección, de esta manera y ante testigos. En Asturias hay un sitio Web libre, en el que sus actos de nepotismo pueden salir a la luz pública. Está claro que eso no le gusta nada…

Recuerdo recientemente un artículo extremadamente faltoso que dedicó -desde la prepotencia del poder- al periodista Javier Morán, por negarse éste a aceptar la burda patraña de que el “Patito” que circula por Asturias pueda ser considerado un AVE, cosa en la que se empeña Lastra, como otros socialistas, hasta el punto de presionar públicamente de esa manera a un respetado periodista, por no tragarse la rueda de molino, y después dar las gracias, como hacen tantos otros que siguen hoy en día ese juego.

Uno no puede pretender ser libre, crítico e independiente, y que además esta gente te trate bien. No es posible. Es mucho pedir. Ni siquiera puedes pedir, hoy en día, que no te agredan.

Mi amigo Txomin Goñi está procesado por negarse a quitar una camiseta en la que decía “La Talá ilegal”, a pesar de haber estado dos horas retenido ilegalmente por la Policía Municipal, por orden de la alcaldesa de Llanes, y ahora es él el que está procesado por resistencia a la autoridad. Susana Pérez-Alonso tiene en camino de ser recurrida, por el abogado del PSOE, socio de Álvaro Cuesta y consejero de la RTPA, Paco Alonso –que de socialista nunca tuvo nada-, la resolución judicial que dejaba sin efecto su suspensión de militancia. Sus compañeros de partido, con Avelino Alonso a la cabeza, ven cómo los avatares judiciales de su expulsión se escamotean de la prensa. Todo por opinar. Ése es el crimen.

Cándido y Morala pasaron por las cárceles socialistas, a donde fueron llevados por un gobierno municipal de coalición entre el PSOE e IU, que les denunció, mientras los astilleros de Gijón se derrumban, víctimas del negocio inmobiliario, y ahora que ellos han salido gracias a la presión popular, quieren meter allí a otro trabajador de Juliana, después de un desgraciado enfrentamiento en la inauguración del Acuario de Gijón, tras una carga policial innecesaria, ordenada por Antonio Trevín, para que los obreros que veían peligrar sus puestos de trabajo no osaran molestar a las “autoridades” en una inauguración. Sería innumerable la lista de personas que en Asturias sufren persecución por opinar libremente.

Y yo me pregunto: ¿por qué hay que aguantar la impertinencia, la agresividad, la mala educación y el talante fascista de estos personajes que se creen que el hecho de haberse profesionalizado en la representación pública, les autoriza a convertirse en la perfecta encarnación del prototípico “Martínez el facha” que tanto denigrábamos en la Transición? ¿Qué títulos legitiman tanta soberbia? ¿Cómo se atreven? Es evidente que están envalentonados, que su prepotencia es atroz, su osadía no conoce límites, y son capaces de cualquier cosa.

Pronto se cumplirán veinticinco años desde que Vicente Álvarez Areces pidió a Antonio Masip que me despidiese de mi trabajo, bajo la tremenda acusación de haber publicado un artículo con pseudónimo en el periódico de Orlando Sánz, en el que defendía al socialista Aladino Cordero -que participó en el congreso de Suresnes-, al que Tini quería quitar como fuera el control del Festival de Cine de Gijón, para convertirlo en un festival de “cine negro”, una estupidez inviable. De aquel ataque de locura arecista nació la Semana Negra, pues como no podían hacer un festival de “cine negro”, se inventaron lo de los escritores negros con bocadillos y caballitos, que ahora va a acumularse sobre la Universidad Laboral José Antonio Girón, un cuarto de siglo después, para conformar la mayor montaña de despropósitos que la mente humana puede llevar a albergar, con una loca y vacía sala de exposiciones, un teatro en el que el público se sienta en el escenario, y una pista de patinaje sobre hielo para atraer al público como los bocadillos o los caballitos en la Semana Negra.

Son fascistas, mucho más peligrosos que los auténticos fascistas, pues a éstos, al menos, se les ve venir, ya que no disimulan debajo de su patético manto de progresía.

2 Comentarios

  1. agv65
    Escrito Marzo 2, 2008 a las 2:35 pm | Enlace permanente

    Si la gran mayoria de la gente , supíese, estas cosas…miedo me dá solo, pensarlo.

  2. Escrito Marzo 15, 2008 a las 2:00 pm | Enlace permanente

    Esto fascismo homosexual.

    http://sinblancaporelmundo.wordpress.com/2008/02/23/maricones-sectarios/

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  1. [...] por ver la cara que se le quede al único, inimitable, inmarcesible y maleducado Fernando Lastra, cuando Javier Fernández escrute su mirada desde el silente centro de inteligencia [...]

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