Inauguración en Luarca: ¿A quién escandaliza hoy la violación de las leyes?

Areces y Pereiro inauguran consultorio en Luarca, mientras Belén Fernández hace la pelota al jefe

La legislación electoral prohíbe utilizar los fondos públicos para hacer campaña, pero es que también hay leyes que impiden hacer propaganda con dinero público, y esto, y lo otro, y lo de más allá. ¿En qué consiste realmente eso que llaman “estado de derecho”? Es, sin duda, un extraordinario progreso, desde los tiempos en los que los señores de la guerra asolaban Europa, como ahora campan a sus anchas en Asia, África o Sudamérica, porque mientras los que hacen las leyes, hacen las trampas, tienen que invertir un tiempo y un esfuerzo precioso en hacernos creer que cumplen las leyes que ellos mismos elaboran, y así se evita la pura imposición de la fuerza, mediante el expediente brutal de la horca y el cuchillo, con que los señores feudales de otros tiempos, arrebataban también en Europa, sin los disimulos con los que eso se hace ahora, el pan de los pobres.Algo hemos avanzado, y a eso denominamos progreso y democracia. A quien tenga alguna duda al respecto le recomiendo una revisión de “The Last Valley” de James Clavell. Es un sano ejercicio contemplar el espectáculo de las cabezas de los humildes machacadas con la porra del poderoso. Eso sí, no conviene olvidar que fuera de aquí, el progreso no es muy grande, y que tal y como se están poniendo las cosas en Los Balcanes, todo puede volver, como por ejemplo los tiempos en que para ser poderoso no se podía estar gordo, porque había que manejar personalmente la maza.

Cuidemos lo que tenemos, porque así podremos seguir estando gordos, y para cuidarlo, nada mejor que echar un vistazo al espectáculo diario que nos brindan nuestros prebostes, enmarañados en la telaraña de sus leyes. Ellos las hacen y las deshacen, y por el camino siempre tenemos la posibilidad de meterles alguna estaca en los radios de las ruedas de sus carromatos de feriantes, único consuelo que nos queda a los que estamos fuera del negocio.

Veamos algunos ejemplos de ahora mismo en nuestro hermoso y querido Principado.

Recordemos el todavía reciente espectáculo que dio el presidente de la comunidad autónoma, un señor moderno y bien alimentado, con su glorioso panfleto “Construyendo Asturias”. No lo financió la administración, sino las empresas de la administración, como Sedes, o los contratistas que construyen el hospital, el puerto, etcétera, que fueron llamados a poner la “grasa” en una imprenta de Madrid que se encargó del trabajo sucio.

La Ley de Publicidad Institucional –de cuyo órgano de seguimiento, es presidenta, precisamente, la consejera Portavoz que suele responsabilizarse de estos trabajos sucios- quedó en papel mojado. Ningún grupo parlamentario demandó al Principado, a pesar de la evidencia proporcionada por el hecho de que la imprenta de Leganés, que fue el instrumento de la trampa, tirase decenas de miles de ejemplares en una cuneta en Udrión, Oviedo. La demanda que presentó la coalición política Unidá, sigue su curso.

Es el reino del llamado fraude de ley, que en si mismo es una figura establecida por la propia ley, para perseguir, supuestamente, las burlas que se urden para su incumplimiento, como es por ejemplo la creación de entes interpuestos para saltarse a la torera las limitaciones presupuestarias y de auditoria de la administración pública. Se establecen límites de endeudamiento. No pasa nada. Creamos una sociedad anónima de titularidad pública y ésta genera compromisos financieros a largo plazo que no se reflejan en las cuentas públicas.

Es el manido caso del HUCA, en el que todos los fraudes de ley posibles están ejemplificados para una clase práctica sobre cómo puede un legislador inventar procedimientos para descojonarse en público de sus propias leyes. ¿No son legisladores nuestros diputados y senadores que ahora están en campaña electoral? ¿No están por todas partes, haciendo campaña con los miembros de los gobiernos que violan las leyes por doquiera, para generar dinero para financiar sus campañas, entre otras cosas mariposas?

Pero además también hay una legislación que regula los procedimientos para acceder a los contratos públicos, mediante concursos y subastas. Se evitan las subastas y se va a los concursos. Las obras se adjudican a la baja, y entonces se hacen modificados que se justifican por causas imprevistas que necesitan de la firma de un funcionario. Los funcionarios ya saben lo que hay. Los que no firman los informes que se les ponen encimaEuropa nos trajo el euro y el billete de 500 euros se impuso como s�mbolo con la obra pública de la mesa sólo tienen un camino: la baja por depresión. Recientemente vimos a un funcionario de la administración regional, con la punta de un sable en el trasero, asegurando que la obra del Huca no está parada. Y el pobre tuvo que comparecer ante toda la ciudadanía, consciente de que todos tenemos ojos para ver que entre la baja por depresión, y enseñarnos su larga nariz, optó por disfrazarse de Pinocho. Normal; seguro que tiene mujer, hijos, colegios, letras de cambio, pagarés, un apartamento en Poo…

Cuando los modificados exceden un determinado porcentaje de la obra, hay que ir a un nuevo concurso –sigo hablando de las leyes de contratación-; tampoco pasa nada. Se fraccionan los contratos y se establecen fases. Ahora tenemos un ejemplo magnífico en las obras del Puerto de El Musel. Todo el mundo conoce las cifras. Se fue a buscar la piedra a León y una de las mayores obras de la ingeniería civil de la historia de España rompió todos los techos a la vista de todo el mundo. Urgía un modificado. La patronal y los sindicatos, que estaban negociando con el Gobierno sus porqués se apuntaron al consejo de Administración de la Autoridad Portuaria para respaldar ese modificado. No cabe el modificado. La cifra exige un nuevo concurso. Europa sólo permite un modificado. Nos hemos enterado de que en Bruselas no se presentó un modificado, sino las obras de una “segunda fase” de la que no existe ni proyecto, porque no hay tal “segunda fase”, sino un sobrecoste. No pasa nada. El arte de la trampa llega a los excesos decorativos del rococó.

La Nueva España se hace eco, este fin de semana, de la inauguración de un centro de salud en Luarca. El PP denunció el acto ante la Junta Electoral, porque vulnera la legislación electoral de manera flagrante. El diario asturiano lo contaba con la naturalidad de lo evidente: “Jornada de puertas abiertas, acto de puesta en servicio o acto de entrega del inmueble. Ayer el Principado tiró de sinónimos para no reconocer que el de Luarca fue un acto de inauguración en toda regla de uno de los inmuebles más demandados por el concejo valdesano. El motivo de esta escenificación no es otro que el inicio de la campaña electoral, que prohíbe a las Administraciones realizar inauguraciones”.

Ya está: la “puesta en servicio” de un equipamiento público no es una “inauguración”,Miguel Bosé, radiante de alegr�a sino una “jornada de puertas abiertas”, en la que sólo faltó el cura con el hisopo, que en este caso debería haber sido sustituido por Miguel Bosé cantando “Amante Bandido”, con Victor Manuel y Ana Belén haciendo los alegres coros de la desvergüenza torera, en solidaridad con este genial compositor e intelectual, que recientemente vio asaltados sus “derechos de autor” por unos desalmados que osaron utilizar su maravillosa melodía para escarnecer al presidente del Gobierno que le alimenta a través del fielato medieval de la SGAE, que devenga sus gabelas del llamado “canon digital”.

¿Alguien duda de que “poner en servicio” una instalación, con las “autoridades” haciéndose la foto es una inauguración? No, no lo duda nadie. Pero como está prohibido hacer lo que hacen, usan las trampas del lenguaje para engañarnos, y cuando la Junta Electoral resuelva, la ley ya ha sido violada, y ya nadie le puede devolver la dignidad perdida, y como violar la ley no es violencia de género, pues aquí paz y después gloria.

Cada día que pasa, todos entendemos mejor el sistema. Las leyes no están ahí para cumplirlas, sino para que la policía no te cace, los jueces no te empitonen y tus huesos no vayan a parar a la cárcel, como es el caso de los imbéciles que no entienden nada, y son capaces de presentarse con una capucha y una pistola en un hipermercado para llevarse la caja. A esos los mandamos a prisión, porque no entienden que la ley prohíbe asaltar hipermercados, y como no han tenido la prudencia de dedicarse a la política, sino a asaltar hipermercados, la vida se les complica y en sus antecedentes penales se deja claramente establecido que se trata de delincuentes.

¿Me siguen? Seguro que si han tenido la paciencia de leer este compendio de obviedades sí.

The Last Valley(Suite) - John Barry

2 Comentarios

  1. Escrito Febrero 23, 2008 a las 4:11 pm | Enlace permanente

    ¿Compendio de obviedades? Con la cantidad de personal que no las ve, ¿no sería más adecuado de ilegalidades?

  2. Escrito Febrero 23, 2008 a las 5:00 pm | Enlace permanente

    Dice Defensa Rural que no son obviedades, sino ilegalidades. Yo creo que deberíamos hablar de “ilegalidades obvias”. Si te fijas, el redactor de La Nueva España da por hecho, precisamente, lo obvio, que la “jornada de puertas abiertas” es una inauguración, y por lo tanto una ilegalidad obvia, y sin embargo, ni él, ni nosotros, hemos ido a denunciar esta ilegalidad al juzgado más próximo, que es lo que a su vez indica el Código Civil que debe ser el comportamiento de todos nosotros.

    Sigo creyendo que la distancia entre una república civilizada y una bananera no está en las disquisiciones ideológicas, sino en la capacidad de denuncia de la sociedad política de una comunidad. En este caso el PP anuncia que ha denunciado.

    El hecho de que estas cosas se denuncien, además de en los juzgados, en los nuevos medios de comunicación, y que las asociciones y grupos minoritarios, denuncien el comportamiento de los gobiernos locales, regionales y demás, es la única garantía de equilibrio del sistema.

    El mundo anglosajón está lleno de asociaciones que denuncian y los tribunales suelen ser bastante implacables cuando se deciden a actuar, y además hay muchos medios de comunicación minoritarios.

    La diferencia entre los países desarrollados y los que no lo están, a mi juicio, estriba en esa superior capacidad de denuncia.

    Creo, por lo tanto, que hacer lo que hacen muchos aquí en Asturias, denunciar, es un servicio a la democracia y al progreso de la comunidad, que conviene valorar adecuadamente, porque lo contrario es retroceder hacia el medievo.

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