ETA asesina por quinta vez en Mondragón, tras la tregua Zapatero-ETA, y ahora lo hace para intervenir en las elecciones

 

Zapatero se entera por Manolo Chávez del asesinato de Mondragón


Suele decirse, y se acepta como un lugar común, que la derecha española es “muy radical”, porque en un sector de su variado registro mediático se encuentra el periodista Federico Jiménez Losantos, que ha logrado convertirse en un icono de todo lo que durante estos años se ha erigido en motivo de anatema desde la llamada por Gustavo Bueno izquierda “Alicia”, tan dada a complacer a la mayoría social a la que satisface siempre tener un gobierno que, sea de izquierdas o de derechas realmente existentes, le edulcore la realidad en medida suficiente, como para no tener que afrontar su incómoda dureza. Lejos siempre de nosotros la funesta manía de pensar. Como Jiménez Losantos existe, Jiménez Losantos es la derecha española. El todo por la parte. Así se consigue que la derecha española sea losantiana, y en consecuencia resulte imprescindible un personaje como José Luis Rodríguez Zapatero, para librarnos de tan atroz destino. Él sólo, “Sosoman”, ha encontrado en Losantos, la COPE y la Conferencia Episcopal, el secreto de su éxito. El Presidente Zapatero nos libra del implacable destino de todo aquel que no sea zapaterista. O zapaterista o losantista. O zapatarista o “facha”. O zapaterista o sicario de George W. Bush. Hasta la derecha se lo creyó. Zapatero ha pintado una España en blanco y negro, y todo lo que no sea él, es una bestia fascista e inmunda que ha de ser liberada de sí misma por los amables seguidores de este perverso, maniqueo y totalitario personaje, que no deja más opción que él o el diluvio.


Tenemos grandes intelectuales que nos explican estas verdades. No filósofos, pensadores, historiadores, ensayistas, gente pelmaza, densa, demasié para la frivolité institucionalizada por el cerebro más light que ha tenido la influencia más profunda, desde su asombrosa levedad, en nuestra dilatada historia. Pelmazos no. Ni siquiera Fernando Savater. Ni Juanín Cueto. Nadie. Nada. Como mucho, la profundidad en España es monopolio del poeta Antonio Gamoneda, que para eso es de León, y cabe aceptar que un poeta nos adoctrine si es de León, pero para el resto, intelectuales de la talla de un Joaquín Sabina, un Pedro Almodóvar, e incluso un Miguel Bosé. Nunca nadie se había atrevido a tanto, a convertir a Miguel Bosé en referencia del pensamiento español.

¿La realidad es dura saben? La realidad no es maniquea, tiene matices, colores, gradaciones. Pero eso hoy está mal visto en España. Pensar vuelve a ser, como en época de Francisco Franco, una costumbre propia de gente sospechosa, impropia de estúpidos y sencillos ciudadanos zapateriles, tan parecidos en su cándida borreguez a la mayoría silenciosa del tirano.

Ustedes y yo podemos estar de acuerdo en que la foto de José María Aznar con George Bush, con los pies familiarmente colocados encima de la mesa, le salió muy cara a los españoles, porque con la decisión de dar cobertura propagandística a la difícil situación internacional de la imagen de Irak en Las Azores, España se convirtió en objetivo prioritario de los servicios secretos que urdieron el atentado del 11-M, y que como el Zapatero se entera por Manolo Cháves del asesinato de Mondragón11-S y todos estos magnicidios cometidos en la historia contemporánea -¿cabe en realidad mayor magnicidio que el asesinato masivo de ciudadanos?-, tienen una clave de guerra del terror, que convierte cada atentado en un estudiado compendio de efectos meditados por los peores asesinos, los que trabajan para los gobiernos en la administración del miedo institucionalizado, con el que se gobierna a las desvalidas ovejitas que vamos temblorosas, con nuestro voto en la pezuña, a pedir por favor que sigan siendo ricos y poderosos, pero que a nosotros nos dejan continuar teniendo nevera y ADSL.

Sólo un necio o un mentiroso compulsivo puede negar el efecto demoledor que el 11-M tuvo para el Partido Popular y sus expectativas electorales. Sólo desde la más radical de las desmemorias se puede sostener que la matanza de Atocha no tuvo efectos letales sobre las expectativas electorales de un partido que apareció ante la sociedad española, como el inductor de la situación de España en vanguardia de la actuación internacional de la superpotencia EEUU y sus operaciones de guerra en el Golfo, en donde se encuentran las mayores reservas de petróleo del mundo, pero sobre todo, el enclave estratégico para la articulación de los equilibrios energéticos para los próximos decenios.

La sociedad española dio la espalda a Aznar, y el PP perdió las elecciones, porque así lo quisieron los ciudadanos, pero los ciudadanos lo quisieron así, porque entendieron que la política de apoyo a la guerra del expresidente castellano leonés, había colocado a España en máxima situación de peligro, y el peligro se hizo realidad en forma de matanza masiva. Quien realizó la matanza, intervino con ella en las elecciones. Zapatero había prometido sacar las tropas de Irak y eso significaba que España salía de la primera línea de peligro de un mundo inestable. Por eso los españoles votaron a Zapatero y dieron  la espalda a lo que hasta ese momento gozaba de liderazgo en todas las estimaciones electorales, un Partido Popular que se suponía que había conducido al país a altas cotas de desarrollo económico y bienestar, al calor del apoyo del amigo americano.

Como nunca me creí el relato infantil y primitivo de las pesadillas del poder, a mí no me pueden venir con lo de que el atentado del 11-M fue obra de los sicarios marroquíes de Osama Bin Laden -los mismos sorprendentes personajes que lograron la suspension del Dakar desde Al Qaeda de El Mogreb; tuaregs de El Sahel- mientras que el atentado de la Torres Gemelas fue un sospechoso asunto urdido por quien fuera, para justificar el inicio de las acciones bélicas en Afganistán e Irak.

Mientras los demócratas defienden en los EEUU que el 11-S hubo graves enigmas aún por resolver, dada la escasa credibilidad de la trama de Al Qaeda, y la investigación de este atentado se convirtió en fuente de dudas de todo tipo, sus homólogos españoles cerraban filas alrededor del 11-M, para decidir que lo que en el caso americano era un atentado lleno de puntos oscuros –tan resaltados por su propagandista Michael Moore en su Farenheit 9/11-, en el caso español se convertiría en asunto juzgado, Bin Laden en un peligroso cabecilla del terror internacional, los vendedores de “huevitos” de hachis de Leganés en los ejecutores de una conspiración de gran envergadura, y la trama de confidentes policiales y de clamorosas coincidencias en el conocimiento de las actividades y los movimientos de los traficantes de tarjetas telefónicas, drogas, armas y explosivos, serían rutinarios datos, custodiados en los archivos de unas fuerzas de seguridad que tenían, como misión principal, dar apoyo y cobertura tecnológica a los encargados de matar a quinientos ciudadanos, sin que tan terribles coincidencias mereciesen mayor atención, salvo para los “fachas” irreciclables, aficionados a leer El Mundo, Libertad Digital y la COPE.

Y así, burla burlando, hemos llegado a la terrible situación electoral en la que nos hayamos.

Zapatero se entera por Manuel Chaves del asesinato de MondragónETA no fue, se dijo una y otra vez, el 12, el 13 y el 14 de marzo del 2004, y es muy probable que ETA no tuviese nada que ver con el arrendamiento de servicios de los suicidas de Leganés que murieron cantando el nombre de Alá, volando por los aires sin matar a nadie, en uno de los suicidios más extraños de la historia del Islam, pues la nula productividad de los asesinos de sí mismos los habrá dejado a las puertas del paraíso, como los terroristas autoinmolados más inútiles de la historia de los seguidores de Mahoma. Su premio en huríes debe estar siendo muy parco.

El 13 de marzo imprimí en mi aldea el despacho de Reuters en el que se decía, en relación a la “información” divulgada por la SER, que “a private spanish radio says” que un terrorista suicida había aparecido en Atocha, y en artículo aparte, varios análisis de ese gran grupo de noticias, predecían que de haber sido ETA, las elecciones las ganaría el PP, y de no ser así, las ganaría el PSOE. Alguien le dijo a la SER lo del terrorista. El caso es que al día siguiente la prensa internacional atribuía el 11-M a Al Qaeda, única y exclusivamente, por un dato falso, que según los directores de los grandes medios españoles, les fue directamente contado por el propio Zapatero.

Entonces no fue ETA, aunque amplios sectores del PP, encabezados por el grupo más agresivo de su variante mediática se empeñasen en ello, y los conservadores pagaron muy cara la factura electoral por la sensación que se generalizó de que se estaba mintiendo, como muy hábilmente se encargó de establecer el aparato de propaganda del PSOE, encabezado por el hoy ministro del Interior y hembra de cuidado, Alfredo Pérez Rubalcaba: Los españoles se merecen un gobierno que no les mienta, como el que ahora tenemos, un dechado de virtudes, sinceridad a raudales, y verdades del barquero cotidianas.

Ahora ETA sí fue. ETA sí ha matado, esta vez, al militante socialista Isaías Carrasco Miguel, que es lo que ha tenido que suceder, tras los asesinatos de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio en la T4  -que Zapatero se empeñó en ver como un accidente- y de Raúl Centeno y Fernando Trapero en Capbreton, que ya habían demostrado al presidente del Gobierno que el entorno independentista estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias, para dejarle clarito que con ellos no se juega, y que si el conflicto entre España y el nacionalismo independentista vasco ha llegado hasta aquí, es porque los marxistas leninistas que han convertido Euskal Herria en la patria de los que por definición no tienen patria, no se paran, ni se van a parar, porque el que tienen enfrente se apellide esta vez Zapatero, aunque nadie, salvo él mismo -o ni siquiera-, sepa muy bien por qué se encuentra más listo, más ilimitado, más iluminado por la gracia- que los anteriores gobernantes españoles -salvo por una especial estupidez-, para que quienes nunca han respetado ningún poder, con personajes tan poderosos como Felipe González o José María Aznar entre sus antecesores, tengan que ser considerados unos aficionados, ante la llegada a la presidencia del Gobierno español, de quien una vez más, vuelve a ser el primer hombre en la faz de la tierra. Puede que los españoles le voten, pero eso no le hace ni más inteligente ni más respetable para mí, que lo que le otorga el compendio de derechos que tenemos todos los ciudadanos libres e iguales. Que los españoles voten a Zapatero no le otorga poderes especiales para no ser objeto de crítica. Sus responsabilidades son obvias. Sólo los idiotas convierten el voto popular en un efecto que santifica al elegido, como si los mayores responsables de atrocidades que han afligido al mundo a lo largo del último siglo, no hubieran sido “elegidos”, y a la vez estúpidos y perversos.

ETA siempre mató, y el hecho de que el 11-M no haya tenido una participación directa en el atentado, no aconsejaba iniciar una operación para beatificar su perversa naturaleza, como la que se desarrolló, contraponiendo su “injusta persecución” –se quería bailar con ella- a la malsana y maldita pulsión pepera por echarle la culpa de todos sus males, y no asumir ninguna responsabilidad sobre la política internacional de Aznar, evidentemente muy equivocada, y especialmente muy poco querida por la gente.

Gane quien gane las elecciones. ETA ha irrumpido en ellas matando, y si no lo hizo el 11-M, lo hace ahora, y yo sí que no tengo nada claros los efectos –sería adivino- ni las intenciones, pero lo único que no se me escapa es que con este criminal asesinato –el quinto desde la tregua- de Isaías Carrasco, pretendió hacerle daño a Zapatero,  y en absoluto ayudarle, tal y como para mi estupefacción ha llegado a sugerir alguno de los incompresibles gurús de nuestra derecha mediática, que sin duda merece un papel muy relevante en el aislamiento de una España por otra, en un proceso buscado en un caso, y consentido en otro, que está polarizando el país en dos grandes bloques cada vez más enfrentados, mientras el terror campa por sus anchas, y una vez más interviene en las Elecciones Generales 2008, como ya hizo en las Elecciones Generales 2004.

 

Otegi habla del atentado en la T4

 

 

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