El gobierno desafía a la desarmada sociedad asturiana, agitando el fantasma de la reconversión sanitaria, en plenas Elecciones Generales

José Ramón Quirós, consejero de Salud del Principado de Asturias, cagando, en la mitad de su jornada matutina


José Ramón Repullo, médico, jefe del departamento de Planificación y Economía de la Salud del Instituto Carlos III, fue uno de los expertos invitados por el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa), al seminario para la elaboración del plan de ordenación de recursos humanos, mejor llamado reconversión, un debate oportunista e inoportuno, sobre la organización del personal saniario en la comunidad autónoma de Asturias, montado, con todo el descaro, y sin ninguna crítica eficiente, días, horas antes de las elecciones generales, con la única intención de abundar en la idea, ya conocida por un documento agitadoLa Nueva España lanza el globosonda de la reconversión sanitaria. No hubo respuesta por La Nueva España hace unos meses, en el que se lanza el debate –ya cerrado previamente- sobre la reconversión sanitaria que se nos viene encima.

En una entrevista firmada por Pilar Rubiera, la veterana periodista del diario de la oventese calle de Calvo Sotelo, desde hace años dedicada a esa extraña mezcla de asuntos propia de su sección, le hacía una pregunta a Repullo, inducida cuatro días antes por el presidente del Principado de Asturias, Vicente Álvarez Areces. Ya saben, se monta un congreso para hacer una pregunta y publicarla en un periódico, y eso es lo que hicieron entre Areces, Repullo, Rubiera y La Nueva España, colocarle a los ciudadanos la pregunta, y la no poco incertidumbre que ésta trae aparejada.

Areces, que ha disparado como nadie el gasto sanitario en la comunidad, embarcándonos en la loca obra del HUCA que consume año tras año, a través de Gispasa –sociedad interpuesta para gestionar el dinero público destinado a la construcción de hospitales, ciscándose en las normas públicas de contratación-, un relevante pico del presupuesto sanitario total, y que ha sido incapaz de trasladar a la sociedad ni un solo estado de cuentas, ha decidido iniciar el bla, bla, bla previo a la reconversión del sector, ahora que la construcción está en crisis y ya no hay ni un ladrillo ni un saco de cemento más que llevarse a los paraísos fiscales habituales de la península del Yucatán, Panamá y otros exóticos destinos, en los que florecen las inversiones generadas con el dinero de los asturianos, que algún día servirán para que los más listos del lugar, tengan muchas “negras” que los abaniquen.

Cinco días antes de las elecciones generales, a Areces se le ocurrió decir en público una cifra que a todos nos hace sudar, a cuenta del futuro de nuestras prestaciones más queridas, en unas declaraciones informales realizadas al diario La Nueva España, publicadas con el titular, “Areces afirma que el gasto sanitario da señales de alarma y anuncia un debate social”. Con ellas, el orondo presidente, nos hacía saber que el gasto sanitario supone el 40% del presupuesto. Una cifra mágica, milagrosa, casual, de la que son culpables los asturianos y las asturianas que tienen la insana costumbre de ponerse enfermos, romperse los huesos y contraer males de todo tipo, y no las autoridades que han venido impulsando ese disparo de manera silenciosa, hasta que llegase el momento que llegó: el de hacer caja, vaciar el tapete de la ruleta y decirle a la gente que tiene que renunciar a sus prestaciones, porque todo lo que se podía robar, está ya a buen recaudo.

Por eso, porque era necesario seguir este debate, Pilar Rubiera, movía la bola, en su periódico, cuatro días después de que Areces tuviese el descaro de dar la voz de alarma, con el pretexto de la entrevista a Repullo:

-La sanidad supone el 40% del Presupuesto de Asturias. ¿Es para alarmarse? –le preguntó Rubiera a Repullo, haciéndose la tonta, a lo que contestó inmediatamente el paxarín parleru contratado para la ocasión:-El consejero Ramón Quirós decía una frase que resume la respuesta: «No existe el Séptimo de Caballería». Las autonomías tienen tendencia a pensar que en algún momento alguien las salvará, como ya ocurrió con la Conferencia de Presidentes, en la que hubo una financiación adicional. Cuando los nuevos estatutos se generalicen, será necesario cambiar la ley de financiación autonómica, y nos vamos a encontrar con un Estado que no va a poder socorrer a la gente. Las autonomías tienen que saber que están solas y que si lo hacen mal pagarán las consecuencias. Esto obliga a un patriotismo regional; si la gente dice querer a Asturias y a los ciudadanos, tiene que demostrarlo con generosidad. Ése sería el sustrato de un plan de reordenación de recursos humanos.

Para qué perder el tiempo. No existe el séptimo de caballería, dice el lenguaraz consejero de Salud, que fue capaz de llegar al cargo insultando, vejando, humillando y ofendiendo a todo el personal a su cargo, recomendando, a uno de los más sufridos colectivos que trabajan en Asturias, que llegasen al trabajo “desayunados, cagados, llorados y con el periódico leído”, como si él, un profesional de la supervivencia sanitaria en los despachos de la política, fuese precisamente el ejemplo a seguir, y no el modelo de burócrata bocazas al que toca hacer el trabajo más sucio que suelen encargar a los más osados: insultar, templar y marear al personal a su cargo, antes de iniciar unas negociaciones para reducir plantillas, inversiones y prestaciones de un sector en crisis, al que se ha desangrado con todas las consecuencias, antes de lanzar públicamente la situación. Primero se coge el hueso, se rompe, se sorbe el tuétano, y después se pone cara de estupefacción ante la cámara: “señoras y señores, este hueso está vacío, nos lo hemos comido todo y no queda nada, ¿qué consideran que debemos hacer ahora?”

¿Por qué tenemos que esperar al séptimo de caballería? ¿Quién o quiénes llevaron a los hombres del General Custer a Little Big Horn, para ser masacrados por las naciones indias, lejos de cualquier posibilidad de auxilio en caso de ser asaltados? ¿Quién es el general Custer?

Custer es Areces, y él es quien ha situado a la sanidad asturiana en el lugar en el que se encuentra, dedicando sus energías a crear gasto en ladrillo y hormigón, sin planificación técnica alguna, con el que poder justificar maravillosas promociones para sus empresas de cámara agrupadas en Sogepsa, en un caso de manual que es el del Huca, pero que no es el único. Nada de buscar soluciones para la loca infraestructura hospitalaria con la que cuenta Asturias, con una impresionante red de hospitales comarcales -de los que ha estallado el debate sobre Arriondas por la intolerable situación de sus trabajadores y su permanente recorte de prestaciones-, a la que pronto se unirá el debate sobre el cierre del hospital comarcal de Oviedo, en el Cristo, que es a la vez Hospital Central y de comarca, sin que nadie parezca tener previsto qué va a ocurrir con las urgencias que tendrán que ser rechazadas, en el momento en el que el Huca sólo pueda ser Huca, tras el cierre del Cristo, y el Área Sanitaria de Oviedo se quede sin atención de urgencias para sus necesidades básicas, con una infraestructura de ámbito regional, corta de camas y de superficie ambulatoria, y nos vengan con el cuento de que todos esos servicios deberán derivarse a su ámbito natural que es la atención primaria. ¿A quién le va a tocar echar a la gente de urgencias?

Cuando un gobierno que ha sido todo despilfarro en el sector, que no ha realizado el menor esfuerzo de racionalización de sus infraestructuras, lanza un debate como éste, a unos días de unas elecciones generales, es que está totalmente seguro de que no tiene nada enfrente. Izquierda Unida ya sabemos lo que hay. Laura González, su candidata, fue la encargada de adjudicar directamente a Serafín Abilio, para que él manejase sus cuotas desde la CAC, la construcción de las viviendas que van a brotar como hongos alrededor del Huca en la urbanización de Prado de la Vega en Oviedo. De aquella, Areces cedió a IU alpiste suficiente como para que esta costosa banda de profesionales de la supervivencia política, que pía sólo cuando se acaba la pación, tenga que callarse para la vida ante la reconversión sanitaria asturiana, como ya ocurrió con los metros cuadrados de astilleros que les cedieron en su momento para pagar vídeos de “Gaspi”, o con la adjudicaciónn de la regasificadora a Enagás. Y en cuanto al PP, salvo sus denuncias cada vez que se paran las obras del Huca, porque se acaba la gasolina, mientras el Gobierno negocia ilegalmente un sobrecoste contra la empresa adjudicataria, estamos en parecida situación, ¿Quién defiende a los usuarios de la sanidad en tal coyuntura? Evidentemente, tal y como se ha demostrado por activa y por pasiva en el caso de Arriondas, los usuarios no defienden nada, porque estamos cogidos con asociaciones de escasa o nula representatividad, montadas ex profeso para servir de interlocutores domesticados por los gobiernos.

¿Qué nos queda a los ciudadanos?

La pregunta no es retórica. Porque si se acepta que los usuarios están representados por asociaciones silenciosas, y se calla ante las reacciones depredadoras de los empresarios que se aprestan a pillar nuevos chollos, poco margen de maniobra nos queda, salvo que entidades como ACA, AVALL y otras asociaciones locales que han peleado en terrenos relacionados con la corrupción y el urbanismo, den un salto y comiencen a ocuparse, como ya hacen en Arriondas, del terreno vacante de las víctimas propiciatorias de la salud pública, hoy en manos del gobierno y su patética oposición.

Manifestación en Arriondas

 

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