El misterio del papel moneda, contravalor digital

 

He dedicado muchos ocios de mi vida, desde que dejé de leer novelas –porque su escasa fuerza comparada con la realidad comenzó a aburrirme- a intentar comprender el secreto de la riqueza, pues él explica a su vez los mayores enigmas sobre la organización de nuestras sociedades y sus enormes debilidades, y la mayor pega que me he encontrado es la falta de entidad de los libros y ensayos dedicados a explicar el misterio del dinero, piedra angular sobre la que reposa el sistema capitalista, así denominado, por la tradición intelectual socialista –cuando el socialismo tenía intelectuales- que intentó analizar, con métodos más o menos atinados, cómo el trabajo asalariado se convertía en capital, a través de la producción de la plusvalía, un proceso muy elemental, que en absoluto explica los enigmas mayores del sistema, que se centran en la pregunta principal: “¿qué es el dinero”? La plusvalía no deja de ser una abstracción de Marx, que presenta no pocas debilidades que ya han sido sobradamente subrayadas desde los tiempos del filósofo alemán, mientras que el dinero sigue siendo una realidad material, cada vez más relevante, desde que el papel es solo papel y nada más que papel.

El misterio del dinero no es tal, sino cosa sencilla, pero su naturaleza y esencia no deben ser conocidos, porque es un conocimiento que en nada beneficia la conviencia ordenada y pacífica, ya que los que lo tienen, prefieren seguir teniéndolo, y no es muy conveniente para ellos que se sepa cómo se adquiere este bien escaso.

El dinero ha alcanzado hoy un predominio social absoluto, y su carácter menos explicable se adueña del mundo moderno, desde los tiempos en que la administración Nixon emuló al Gran Kan Kublai, imponiendo el uso generalizado del papel, sin su contravalor en oro. El oro siempre tuvo una fuerza metafísica, irracional e inexplicable, que daba cuenta, de manera inefable, de lo que era el secreto de la riqueza en las sociedades en las que no se había impuesto el papel. Desde que ha sido exitosamente sustituido por unos extraños documentos impresos, todo es mucho más incomprensible, pues mientras el oro se acumulaba y retenía sólo por la fueza bruta, el papel se controla desde ciertas cuevas de la administración que hacen imprescindible el concurso del estado en este negocio.

El dinero, como papel moneda, venía siendo utilizado en China desde los tiempos de la Dinastía Tang, y los funcionarios del imperio lo entregaban a cambio de oro y metales preciosos que iban depositándose en poder del emperador, pero sólo alcanzó el esplendor de su uso generalizado en un gran imperio, con el culto Kublai, el Gran Mogol, que explicó los pormenores de su política al viajero veneciano Marco Polo, que a pesar de provenir de una de las tierras de mercaderes más experimentadas de Europa, lo tenía crudo para comprender que la esencia del dinero de su benefactor Kublai, y su circulación generalizada, era el ejercicio del poder a gran escala, el poder estatalizado.  Un gran señor acumulaba oro, pero sólo un estado podía crear la complicada trama que se hace necesaria para la administración del dinero.

El dinero del Gran Kan, como el dólar, el euro, el rublo o el yuan, basan su aceptación, en la existencia de las tropas imperiales, la Sexta Flota, los misiles, las tropas de tierra, la policía, los juzgados y las cárceles, la industria militar y el ejercicio del poder en definitiva. Ése es, para bien y para mal, el último razonamiento del sistema. Somos lo que somos, tenemos lo que tenemos, producimos, intercambiamos y nos alimentamos, gracias a unos papeles impresos, cuyo uso misterioso, es una imposición indiscutida e indiscutible que hace posible el milagro del intercambio. Es a partir de ese hecho impuesto e incontrovertible, sobre lo que se organiza el resto de nuestra vida económica y social. Sin el milagro de un papel moneda, sin contravalor en oro, aceptado de manera generalizada, nuestra sociedad, y sus dimensiones, serían un sueño imposible, puesto que el oro es limitado, y el papel impreso no. Los modernos estados no pueden aceptar limitaciones como las que presenta el oro.

El dinero es un monopolio estatal, y el estado un corral para los poderosos, y aunque en la china de los Tang y los Song hubo emisiones privadas, e incluso aunque Friedrich Hayek, basándose en la teoría del dinero de Ludwig von Mises, llegase en su efervescencia liberal a proponer la privatización de las emisiones, la impresión de papel moneda es inevitablemente algo a controlar por los grandes bancos emisores, que mediante sus mecanismos de préstamo del papel, sobre el que tienen el privilegio estatal de impresión, administran la capacidad de la banca para intervenir en la vida económica, mediante el crédito que se otorga a los felices propietarios de una ficha bancaria, seres situados en la cúspide de la sociedad, que a cambio de una cierta liquidez personal, tienen el privilegio de salir a buscar dinero para sus sociedades a la bolsa, que a su vez se convierte, mediante la multiplicación de los panes y los peces, en el dinero del corralito bancario, cuyo único problema es que los impositores no se pongan nunca de acuerdo para retirar a la vez sus depósitos, y comprobar así, que no existen, como no existe el dinero de respaldo de la aplastante mayoría de los créditos.

Hoy, el capitalismo es un sistema puramente virtual, en el que sólo hay un detalle a discutir: ¿Por qué son unos, y no otros, quienes controlan los dígitos en los que se acumula el valor del papel y el crédito? Ser rico, hoy en día, es controlar dígitos; ni más ni menos, pero ¿quiénes controlan esos dígitos?, ¿quiénes tienen fichas bancarias? Es una bonita pregunta que tiene una ilustrativa respuesta en la Rusia ex comunista, en la que unos cuantos se quedaron con todo, en unos pocos años. Sin duda, un ejemplo, porque siempre viene a ser así. Como se ve, muy pocos misterios, y mucha desvergüenza. Por eso se habla tan poco de estas cuestiones, en las que se esconde el lado más turbio de las sociedades contemporáneas.

 Pink Floid/ Money

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  1. [...] de un estado es la moneda, el dinero, cuyo monopolio constituye la esencia del poder, junto con la fuerza militar que otorga a la moneda su valor. La Unión Europea nació formalmente, a partir de las tres Comunidades Europeas de los años 50, [...]

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