¿Para qué quiere, el que compre CLAS, una fábrica, si no hay ganaderos?


Como muy bien dice Javier Cuartas, en un buen artículo que nos recuerda sus mejores tiempos como periodista económico, se “ha reabierto el debate en el seno del mayor movimiento cooperativo de Asturias y uno de los más relevantes de España, y sobre el que pivota el mayor grupo industrial lácteo español por volumen de recogida de leche (aunque no por facturación y beneficios)“.

Y ahí está la madre del cordero, que sólo a los afectados parece importarles ese papel como mayor grupo de “recogida de leche”, porque, como las autoridades dan por perdido el sector ante su liberalización y la entrada masiva de las importaciones, se acerca el momento del tonto el último y el que la pilla la pilló.

Añade Cuartas, en otro párrafo de su brillante artículo, algo que ya señalaba en este Blog, como es, que el fondo de la operación es quitar el control a los ganaderos: “una vez que las actuales participaciones de Clas pudieran ser adquiribles por cualquiera, bastaría comprar el 51% de esta pequeña sociedad para dominar la marca (principal activo del grupo) y el paquete de control de Capsa, por lo que una relativamente pequeña inversión permitiría hacerse con el dominio de todo el grupo, cualquiera que sea el resto del accionariado de Capsa, dado que la SL tendría el 56,39% que hoy posee Clas“.

Item más: “como además el 51% de la SL sería suficiente para ejercer el poder total, nadie estaría interesado en adquirir el 49% restante, por lo que los ganaderos que no hubiesen entrado en ese 51% ya no tendrían a quién vender sus títulos, salvo que Capsa absorbiera a la SL. Y a diferencia de lo que ocurre con las opas a las sociedades anónimas (las acciones tienden a subir de precio), en una oferta por el 51% de una SL es previsible que el valor de mercado de los títulos, en vez de subir, bajase, dado que muchos socios podrían tratar de ofrecer sus títulos al supuesto comprador al mejor precio para éste con el fin de entrar en el cupo del 51% y no quedar marginado en la minoría que nadie luego querría comprar“. En definitiva, se trata de quitarles el producto de tantos decenios y trabajo, de la manera más barata posible para el comprador. Eso es indiscutible, y está honrada y claramente explicado por el periodista, que una vez más brilla con la calidad del profesional pundonoroso, cada vez más escaso en nuestros patéticos medios de comunicación.

La claridad es también la cortesía del periodista, no sólo del filósofo, y eso, estimados señores del gremio que preside el ilustre y simpátiico José Antonio Bron, no lo da la pertenencia a una corporación medieval, el oficio, la formación, la valentía y la honestidad intelectual, y como Cuartas, aquí hay muy pocos, y tienen muy poco margen de maniobra, porque el gremio es para mear y no echar gota (si los periodistas se plantasen por algo más que por el carné…; las fuentes anónimas, las declaraciones por escrito, las ruedas de prensa sin preguntas, etcétera, etcétera), pero eso son otros lópeces, que en el futuro no podrán quitarse responsabilidades.

Pero volvamos a lo nuestro: ¿en qué consiste la “asturianía” de la que hablan unos y otros.?

La “asturianía” consiste en que el que la pille, no es que se la quede, es que la vende, y se mete en el bolsillo una mordida espectacular. Y claro, olvidarse de lo que significa hoy todavía la ganadería en Asturias, y darla por perdida irremisiblemente, me parece tan grave, como dar por perdido el carbón -después de enterrar fortunas en su defnsa numantina, se cierra todo cuando empieza a ser rentable- y dedicarse a pegar pelotazos en Sudáfrica, dar por perdidos los astilleros para hacer pisos de lujo, etcétera, etcétera.

¿De verdad no hay más solución para Asturias que ser una gran planta de energía eléctrica? ¡Venga ya! Esa solución es pistonuda para los mendigos que esperan las migas que se caen del mantel de lo que fue la Duro Felguera y hoy no es más que un negocio de bolsa para sus accionistas y unos pocos empleos en liquidación. Cuando empezó el actual proceso de Duro Felguera, también se hablaba de “asturianía”. La mediocridad de nuestros dirigentes, salidos del clima dramático de las reconversiones, hacen creer aquí a todo el mundo que el cancer, la suciedad, la destrucción del paisaje, la corrupción y el derrotismo son nuestro único camino.

¿Es entonces un buen negocio para Asturias aceptar la liquidación de un sector que da empleo y renta a miles de personas para que se forren cuatro amigos? La respuesta es evidente, pero ya sé que lo que está de moda es apoyar los pelotazos, porque apoyándolos siempre te puede caer algo. Criticarlos no vende, y además te puede caer una paliza. Es el camino de la mejicanización en la que estamos embarcados.

Y es que no vale olvidarse de un hecho evidente. Cuando al final de este periplo, y los políticos, los directivos de las cajas, los periódicos, los asesores, los abogados, y todos los actores de estos procesos salvajes, se hayan quedado con lo suyo, ¿Va a seguir ahí la factoría?

¿Para qué va a querer una gran marca que se quede con el nombre de CLAS, una industria láctea en Asturias, si no hay recogida, si no hay ya nada de leche, si toda hay que importarla, y si lo único que interesa es eso, la marca. Los costes de transporte la harán innecesaria. A la marca le ponen ruedas y se la llevan, si es que vale para algo una marca de leche asturiana, cuando en Asturias no haya leche, ¡diablos! Como mucho, si entonces se monta un gran follón, llegarán unas buenas subvenciones y se monta una fábrica virtual, como hicieron en Burgos con las galletas.

Aguilar de Campoo vendió la marca “María” de Fontaneda, con la empresa y ¿qué quedó en Aguilar de Campoo? Nada, unos pocos puestos de trabajo.

A eso, los opinadores sesudos con acceso a los periódicos, lo llaman realismo. Yo lo llamo caradura.

 

 

 

Galletas Maria Fontaneda

 

 

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