El New York Times se dedica a aterrorizar a la “blogosfera”: el papel contra los medios digitales



El periódico The New York Times, uno de los iconos de la prensa mundial, está en plena guerra psicológica contra los medios de Internet. Es normal, el Times, como Le Monde, como tantos otros estandartes de la prensa mundial de papel, está en una lucha a muerte contra la quiebra, a causa de la presión publicitaria de los nuevos medios de Internet, los costes crecientes del papel y la impresión, así como sus grandes estructuras productivas, poco adaptables a la nueva economía digital. Poco a poco, se van drenando recursos hacia el mundo del periodismo ciudadano que se desarrolla en la red, con pequeñas plantillas y gastos estructurales mínimos.  De ahí la publicación de artículos encaminados a crear temores y recelos en ese nuevo mercado, y así, recientemente, el Times dedicó Matt Richtel, especialista en tecnologa del New York timesun artículo muy interesante, a descubrir los secretos del espionaje publicitario, mediante ‘cookies’, de los grandes servidores.

En su último ataque a los nuevos medios de la red, el NYT se refiere al emergente negocio de los blog o bitácoras, como insisten en decir, quienes pretenden españolizar inútilmente el palabro, en lo que es una guerra perdida.

Dice el Times que muchos blogueros trabajan largas horas, hasta la extenuación, y que cobran por obra realizada, en una nueva profesión que compara, como trabajo basura, a auténticas maquilas de ropa, al considerar este empleo que se está creando, como un nuevo medio de superexplotación. Habla pues, de un nuevo sector, destinado a crear empleo, del que por estos pagos no sabemos nada. Igual que en su momento se desarrolló el trabajo en casa para la ropa, que tuvo su modelo revolucionario en Galicia con la ropa de Alfonso Dominguez, y en el Bierzo con los pimientos de “Prada a Tope”, ahora los blogueros empiezan a trabajar a tanto el artículo, en un nuevo mercado del que si bien todavía no hay noticia en nuestro país, en los EEUU está provocando un nuevo clima social de desastre; o al menos así lo ve este periódico, en cuya redacción, por cierto, se vive bajo la presión de terror a los despidos.

Asegura el Times que se trata de una “fuerza creciente de trabajadores y empresarios que convierten su casa en una oficina, llenos de ordenadores, teléfonos e instalaciones Wi-Fi, que se ven sometidos a un enorme estrés, a causa de las terribles necesidades y demandas de la economía de Internet, sometida a una rapidísima corriente marcada por el ritmo de la actualidad, las noticias y las opiniones”

Y así, continua en su relato: ”los blogueros pueden trabajar en cualquier lugar, y profesan un extraño amor por la acción ininterrumpida, estimulados por la oportunidad de crear un medio global, sin una inversión inabordable. Al mismo tiempo, algunos están empezando a comprender que están en un camino equivocado. En los últimos meses, algunos de los blogeros mejor situados, se han muerto de manera repentina. Hace dos meses, se murió Rusell Shaw, de North Lauderdale, Florida, un prolífico bloguero sobre asuntos de tecnología, que tuvo un ataque al corazón a los 60 años. En diciembre, otro bloguero, Marc Orchant, se murió a los 50 de una crisis coronaria masiva. Un tercero, Om Malik, de 41, sobrevivió en diciembre a un ataque al corazón. Otros blogueros sufren pérdida preocupante de peso y obsesidad, desórdenes del sueño y otras enfermedades, que son producto de un estado permanente de sobreexcitación por la producción de noticias y un ciclo contínuo de producción de la información en Internet”.

Aquí le entran algunas dudas al redactor, Matt Richtel, que dice que “si bien es cierto que no es seguro, porque no hay diagnóstico oficial, que la causa de la muerte prematura de estos blogueros sea su actividad en Internet, y por lo tanto no se puede calificar como epidemia (sic), no es menos cierto que su trabajo contribuyó a sus muertes. Al menos así lo reconocen las familias y los trabajadores de la información que dependían de ellos, que piensan que su fallecimiento tuvo que ver con la peligrosidad de su estilo de vida”.

Sin duda, el redactor es consciente del alto nivel de dramatismo que introduce en sus reflexiones, por eso se dice: “hay que reconocer que la presión es un mal general para aquellos que trabajan para sí mismos, aunque también suelen estar bien compensados por ello. No me he muerto todavía, dice al NYT Michael Arrington, fundador y coeditor del TechCrunch, un blog muy popular sobre tecnología. El sitio ha crecido de manera millonaria en ingresos publicitarios, pero ha tenido un coste duro. El señor Arrington dice que ha cogido 13 kg (30 libras) en los últimos tres años, que ha generado un desorden severo del sueño, y que ha convertido su casa en una oficina para él y para sus empleados. En un determinado punto, tuve una crisis nerviosa e ingresé en el hospital, porque algo me estaba pasando; no es sostenible, añadió.

Continúa Richtel con sus elucubraciones: “no es seguro cuánta gente trabaja hoy ya en la confección de los blogs por dinero, pero es probable que sean unas cuantas decenas de miles de trabajadores, en condiciones de precariedad. El crecimiento de esta clase de información y sus trabajadores, ha sido paralelo al crecimiento de la economía en línea. La publicidad ha crecido en Internet en la media en que se ha desarrollado la publicación de contenidos. Las compañías establecidas han sido sustituidas por empresas de otra índole, lanzando a la gente a crear oficinas virtuales y trabajar continuamente, en cualquier sitio. Esa flexibilidad, tiene un lado oscuro, que consiste en que los trabajadores no se pueden mover de sus casas, especialmente los obsesivos”.

El sombrío panorama que pinta este redactor del Times sigue ennegreciéndose: “Los blog se han vuelto lucrativos para algunos, pero para aquellos situados en el lado más bajo del negocio, como mucho son 10 dólares por artículo. Hay legiones de periodistas ciudadanos, informando y opinando sobre deportes, política, negocios, celebridades y otros asuntos que se puedan concebir. Algunos escriben por diversión, pero miles de ellos trabajan para los editores de Internet -como empleados o contratados- o han creado su propio medio en línea, con la idea de conseguir beneficios. Uno de los sectores más competitivos es el de los blog sobre tecnología y noticias. Hay una viciosa y peligrosa competición por destruir la capacidad de actualización de los medios tradicionales, que debilita la calidad del producto y los expone a graves errores”.

Y aquí llegamos ya a un escenario digno de una buena novela de anticipación: “en la carrera está en juego, no sólo el ego, sino la  publicidad potencial. Muchos blogueros dependen de cuanta gente lea sus publicaciones para evaluar sus ingresos, dado que muchos sitios, como los que gestiona por ejemplo Gawker Media, pagan diversas cantidades, dependiendo de los niveles de visitas que sean capaces de alcanzar, partiendo de de las 100.000 vistas de página mensuales, y a partir de ahí, cuantas más páginas, mas comisiones: al que escribe más, se le paga más. Así, los blogueros de los sitios más importantes, dicen que hay hoy en día muchos que están ganando 30.000 dólares al año, y que como mucho hay algunos que pueden llegar a los 70.000 dólares. Unos pocos empresarios del sector han construido mini imperios en la Web y están generando cientos de miles de dólares al mes. Otros que intentan abrirse paso, aseguran que a duras penas llegan a los 1.000 dólares al mes”.

Estamos llegando a la meta, con un terrible panorama en el que la explotación, el agobio, la angustia y la muerte, son ya inherentes a la realización de un blog: “en todo ello es esecncial la velocidad, el bloguero trabaja al milisegundo, pues el primero que cuelga el artículo es el que se lleva la audiencia, los enlaces y los ingresos. No hay tiempo para nada, dice el señor Arington, incluso cuando estás durmiendo estás preocupado porque te puedes estar perdiendo una historia.

Un mundo de pesadilla: “En esta competición siempre hay un premio para el que está despierto. Matt Buchanan, de 22 años, es el hombre adecuado para este trabajo, trabaja por clicks para  Gizmodo, un medio muy popular que se dedica a los nuevos ‘gadgets. El señor Buchanan vive en un pequeño apartamento de Brooklyn, cuya cama dobla el tamaño del resto del espacio disponible. Dice que duerme unas cinco horas por noche y que a veces no tiene tiempo para comer, por lo que tiene que añadir suplementos proteínicos mezclados con el café. Pero no se engañen, el señor Buchanan, un reciente graduado de la Universidad de Nueva York, ama su trabajo. Afirma que pagaría (aunque no dice cuánto) por escribir interactuando con los lectores en una conversación global sobre los últimos y mejores productos del mundo del ‘gadget‘ de Internet. El hecho de que haya unos pocos miles de personas diarias leyendo lo que yo escribo, es fantástico (’cool‘), dice. Y además, es agotador. A veces dice: tengo que echarme un poco. Otras veces, de manera inadvertida, cae derrumbado sobre el ordenador. Cuando dejo de saber de él, pienso que Matt lo dejó, afirma Brian Lam, editor de Gizmodo. Ya ocurrió cuatro o cinco veces”.

Y ahora vamos con el señor Lam, que al parecer tiene unos ingresos importantes, pero claro, trabaja muy duro. “Es conocido por pasarse muchas noches en su propia casa-oficina de San Francisco, horas que transcurren mientras intenta mantener su sitio organizado y competitivo. Asegura que está bien equipado para la tortura de vida que sufre, dado que era boxeador de estilo tailandés. Estoy acostumbrado a llevarlas en la cara, afirma, por eso soy bueno en este trabajo”. Y aquí sí que se ve ya un tono obsesivo en este tipo de informaciones del Times, que pintan un escenario cada vez más dramático y malsano: ”Lam dice que la economía del pago por click pone el énfasis en el tráfico de lectores, en el ingreso financiero, no en el periodismo, por eso, los trabajadores de su blog no tienen ni descansos, ni vacaciones”, como si tales cosas fuesen una novedad en el periodismo de Internet, y no ocurriesen en todos los periódicos, radios y televisiones del mundo.

Termina el señor Richtel este terrible artículo, con estas reflexiones sobre la muerte de Rusell Shaw: “en el caso del señor Shaw, no está claro que papel jugó el estrés en su muerte. Ellen Green, que trabajó para él 13 meses, dice que la presión autoimpuesta era muy fuerte. Ella y el señor Shaw hablaron mucho sobre la manera de crear un estilo saludable de vida, y en especial tras la muerte de su amigo, el señor Orchantla comunidad bloguera está viendo lo que ocurre y se dice: ‘¡Oh no, esto ha pasado con dos personas importantes en este campo!, ¿podría haberme pasado a mí?”

Concluye tan periodístico reportaje, con este apunte: “el señor Shaw no murió en su oficina, sino en un hotel en San José, California, a donde había acudido para dar una conferencia sobre tecnología. Él escribió un último e-mail a su editor, en ZDNet: volveré con algo. Todavía quedan artículos por colgar para hoy o mañana“.

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  1. [...] que empiezan a ofrecer servicios parecidos -con lo que es posible que surja una sana competencia-, empieza a ser posible la creación de innumerables pequeños negocios de comunicación, que se pueden empezar a financiar -se están financiando ya, y en EEUU algunas ganan mucho dinero- [...]

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