
La oposición ciudadana a las grandes líneas de transporte de energía eléctrica que se necesitarían en Asturias para poder hacer frente a lo que el Gobierno del Principado considera que es su política industrial estrella, no es un hecho coordinado ni teledirigido, pues en Asturias no
hay ninguna organización política, sindical ni patronal -ni un sólo medio de comunicación- que no aplauda esa loca política. Si ese plan se desmorona es a partir de una mera reacción espontánea de la gente, de los ciudadanos, que se han ido agrupando malamente, en núcleos locales de protesta, desde los que se han movilizado los recursos, o que han impulsado a algún ayuntamiento a recurrir la desastrosa gestión administrativa y legal de Red Eléctrica Española. Sólo un grupo de entidades cívicas, la Agrupación de Colectivos Asturianos, aún débil, ha intentado ejercer esa difícil coordinación desde la precariedad organizativa.
El periodista Javier Morán se hizo eco este domingo, en una de las brillantes columnas a las que nos tiene acostumbrados, del estado catatónico en que se halla la clase dirigente asturiana al completo, al comprobar con estupefacción que lo único en lo que han sido capaces de ponerse de acuerdo, políticos, sindicalistas, empresarios, medios de comunicación y demás hierbas, en estos últimos años, es en el proyecto energético al que todos ellos denominan, con absoluta desvergüenza, plan industrial -cuando lo único que no genera es empleo, y de la gran riqueza que produce aquí no queda nada para la gente-, un plan que no sólo es algo rechazado espontáneamente por la calle, sino que incluso los elementos se concitan con la ciudadanía, para dejar en evidencia que esa vanguardia que nos encabeza, o está muy perdida o muy desinformada, o muy comprada. Y es que no caben más posibles interpretaciones, ante tal divorcio entre supuestos dirigentes y pacientes dirigidos.
Dice Morán, refiriéndose a los fracaso de la llamada Muy Alta Tensión (MAT): “por lo que respecta al polo energético de El Musel sólo hay malas noticias: los molinos eólicos preocupan por su impacto en el horizonte; la planta de biodiésel, ni está, ni se la espera; el Gobierno planea frenar las plantas eléctricas en las regiones excedentarias; y, como puntilla, sin Soto-Penagos o Sama-Velilla no cuadra la evacuación de la electricidad producida por ciclos combinados alimentados por la regasificadora muselera. La MAT nos mata“.

Pero a mí, si bien coincido plenamente con Morán en que “la MAT nos mata”, y en lo que de ella afirma, hay algo que me llama más la antención, de lo que ya me hice eco nada más saberse que la construcción de “la regasificadora muselera” se había adjudicado a Fluor Corporation -que tal y como afirma la compañía en su página web, la va a “construir”, no a “diseñar“, ni a “supervisar“, como insistía en afirmar alguna de nuestras hojas parroquiales-, en vez de a la Duro Felguera (que al parecer es lo que esperaban todos): el clamoroso silencio de todos, ante una noticia que sin duda tiene más importancia en lo que parece ese estado de depresión colectiva que se abate sobre políticos, empresarios, sindicalistas y medios de comunicación. Si la planta de El Musel era el núcleo principal de todo ese gran proyecto, y por fin se acaba de adjudicar la obra, ¿por qué los políticos no cantan y las nubes se levantan?, ¿por qué no hay grandes titulares, declaraciones triunfales?, ¿por qué, en definitiva, estos que tocan el bombo ante cualquier chorrada con la que puedan intentar engañar al respetable, callan como afogaos?
Lo cierto es que el silencio se corta, y hasta hora, cuando ya han transcurrido unos días desde la publicación de la noticia, nadie se ha atrevido a lanzar una hipótesis de las razones por las que nuestros prohombres y nuestras promujeres, no han tenido nada que decir sobre algo tan relevante como la adjudicación de la construcción de la estrella del gran proyecto en el que todos coinciden, a la multinacional Fluor Corporation, salvo que, como parece intuirse, y a salvo de un acuerdo ulterior, esta decisión sean una catástrofe para sus expectativas personales, por alguna razón que se nos escapa, que nada tiene que ver con el interés general, porque por lo que sabemos, Duro no está fabricando en sus muy inactivas plantas de Asturias ese tipo instalaciones, tal y como CCOO ha denunciado que sucede con la planta desulfuradora que construye esta compañía en Lada, por cuenta de Iberdrola.
No hace falta recordar que tanto para Vicente Álvarez Areces, como para Javier Fernández, la construcción de ese artefacto, marca un antes y un después, y se puede decir, sin faltar a la verdad, que es el núcleo de su proyecto político, de su programa electoral y de gobierno. Ovidio Sánchez, que desautorizó a Alicia Castro en este asunto, apoyó, con el respaldo de Pilar Fernández Pardo, la construcción de esta planta, Y lo hizo, a pesar de ser oposición. Gaspar Llamazares personalmente, presionó a José Luis Rodríguez Zapatero, para que se adjudicase su gestión a Enagás, a pesar de que la planificación energética española no la contemplaba en su esquema, y su coalición, que tanto presume de ecologista, se mojó hasta atrás en este asunto. No vamos a insistir en las declaraciones de sindicalistas y empresarios, ni en los editoriales de prensa en la misma línea.
Las cosas como son, y la verdad tiene pocos caminos. Este silencio que se corta como un cuchillo, este malestar que se percibe en todos los ámbitos de la vida pública asturiana, sólo tiene una explicación posible: todos esperaban algo, y se han quedado sin ello. Si me equivoco, que alguien me diga por qué, pues me parece que lo que afirmo es muy razonable, y lo suficientemente importante como para que alguien me lleve la contraria, pero lo que no es razonable es callar, como hacen todos.












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